“Cuando la jueza leyó la sentencia y pronunció mi absolución, YO sentí que se terminó el peso de la mochila que lo llevé durante 25 años de mi vida por absoluta responsabilidad de los integrantes de la justicia, pero NO pude festejar porque en ese momento me vino a la mente, que los asesinos están sueltos, lo estuvieron durante éstos más de 25 años, que es una vida, y lo estarán por siempre, porque quienes debían investigar, se aferraron consciente y/o inconscientemente a la teoría de endilgarme la responsabilidad del triple crimen a MI, quizás y lo más probable que así sea, sabiendo por acuerdo o por cualquier otro motivo, que estaban cubriendo a los verdaderos asesinos; y ustedes que son periodistas de investigación, tienen la posibilidad de averiguar, ya que los oficiales de la policía de Reconquista, que llevaban adelante la investigación, los que me detuvieron, los que me torturaron, hoy están retirados de la vida policial activa, pero continúan viviendo y ellos SÍ que saben, quienes son los asesinos”, manifestó el señor Carlos Javier Cano, en su domicilio ubicado muy cerquita del Río San Jerónimo en la zona del Puerto de Reconquista, en la fría mañana del sábado 04 de julio de 2026, donde se encontraba rodeado de su esposa y varios de sus hermanos, en una nota exclusiva a dos periodistas del norte del departamento General Obligado.
“La isla El Biguazal, queda a poca distancia de éste lugar, está de paso, cuando una se dirige hacia la zona del río Paraná, es allí donde el 03 de enero de 2001, todos nos enteramos que sucedió el triple crimen; por supuesto que primero fue comentario boca a boca y luego fue noticia en todos los medios de comunicación de la época, primero en la zona, región, provincia y también a nivel nacional; yo puedo decir que alrededor del mediodía del 22 de enero de 2021, una de mis hermanas fue a buscarme y me dijo, te andan buscando los policías, ahí fui a mi casa, la casa de mi vieja donde nosotros vivíamos en ese tiempo, y cuando llegué me tiraron al suelo y me esposaron, yo estaba sin remera y con pantalón corto, me metieron en el auto, me llevaron, en ese momento no entendía nada, siempre me tuvieron esposado, me llevaron a los calabozos de la unidad regional novena, desde allí me trasladaron a una comisaría de Avellaneda, donde me tuvieron aproximadamente una semana, siempre incomunicado sin decirme nada, yo tenía 18 años de edad, a punto de cumplir 19 años, ya estaba casado con mi mujer y teníamos a nuestro pequeño hijo, ellos iban a verme y no le dejaban que me vea”, continuó manifestando Cano.
“Realmente la pasé muy mal, cuando empiezo a relatar todo lo que me hicieron vivir desde aquel fatídico 22 de enero de 2001, porque yo nunca declaré absolutamente nada, solamente decía, dije y continuaré diciendo que NO tuve ni tengo nada que ver con los crímenes que me acusaban, me torturaban, cuando ingresaba al calabozo donde yo estaba, era para pegarme, ligaba todo el tiempo, venían y me hacían firmar, y eso que figura en el expediente que después de dos o tres días de estar detenido, me sacaron un reloj, es totalmente mentira, jamás, nunca tuve un reloj, ni siquiera ahora, como tampoco nunca tuve una escopeta, porque decían que una de las pruebas, era un cartucho servido de escopeta que encontraron a pocos metros del lugar donde sucedió el sangriento hecho, a decir verdad, como nosotros siempre vivimos de la caza y de la pesca, un amigo de la familia de apellido Cardozo, nos prestaba una vieja escopeta, cuando teníamos necesidad de ir a cazar un carpincho o cualquier otro bicho para comer; de acuerdo a lo que luego me comentó el abogado Ricardo Degoumois que siempre me asesoró, representó y defendió, cuando incautaron la vieja escopeta de la casa del señor Cardozo, la misma estaba desarmada, teóricamente es la escopeta que exhiben armada en el juicio; y la foto del cartucho encontrado, más la versión del reloj, es la base de la acusación de los fiscales, para solicitar que me condenen a prisión perpetua”; expresó Carlos Cano.
Desde el primer momento de la investigación, la mayoría de los habitantes del barrio Puerto de Reconquista, donde todos se conocen, estaban perplejos y NO podía creer que ese muchacho humilde, pescador, sin antecedentes de ningún tipo, hubiera sido el autor de semejante masacre, primero porque al conocerse algunos detalles, de que las víctimas fueron ultimadas por disparos de escopetas a quemarropa, eran tres hombres, y si fuese una sola persona quien fue el atacante, jamás podría disparar con una vieja escopeta de un solo caño, a los tres hombres, a quemarropa, disparar una vez, volver a cargar y así tres veces, mientras las víctimas, esperasen a que eso sucediera; “Sentido Común” indica que ello NO puede ser jamás; fue allí que un grupo de vecinos, recomendó a la familia Cano que viera la posibilidad de encontrar un abogado que lo defienda.
Allí tomó la palabra uno de los nueve hermanos de Javier, José Hernán Cano, tres años menor que el acusado y dijo: “Nosotros estamos y estaremos eternamente agradecidos al doctor Ricardo Degoumois, porque nunca tuvimos un peso, para pagar a nadie, el entendió la situación, se hizo cargo de la causa, lo defendió siempre, jamás solicitó un solo peso, porque sabía que NO teníamos ni para llevar el pan a la mesa; ahora agregamos el agradecimiento al hijo del doctor Degoumois y al doctor Andrés Ghio, quienes llevaron adelante una defensa impecable en éste segundo juicio”, aclaró el hermano de Carlos Javier Cano.
“En la primera oportunidad estuve detenido algo más de tres años, hasta los primeros meses del año 2.004, estuve nueve meses en libertad y en el mes de noviembre me detuvieron nuevamente, en esa oportunidad estuve preso tres años más, en total, estuve encarcelado Seis años y seis meses, hasta que a fines del año 2007, fui dejado en libertad por orden de la corte suprema de justicia, donde sus integrantes ordenan la nulidad del juicio anterior y que se considere una nueva instancia judicial, después de muchas idas y venidas, de vuelta comienza el juicio, las audiencias, los Testimonios después de más de 25 años de la masacre de la Isla el Biguazal , testigos, peritos, policías y distintas personas pertenecientes a las fuerzas de seguridad en ese momento, donde la mayoría no recordaba nada o muy poco, e inclusive aquellos que declaraban, NO coincidían con los testimonios iniciales”, continuó relatando.
“En mi caso siempre sostuve en palabras, todo el horror que viví en estos años, especialmente en el periodo que estuve privado de mi libertad, especialmente en los primeros días, semanas y meses de detención, me pegaban, me torturaban, junto a mi abogado hemos denunciado porque yo los conocía a todos, el entonces oficial Suberbuler, el oficial Farías y el oficial Onieva, éstos son tres de los varios policías que me torturaron y que yo sepa, ninguno de ellos fueron procesados NI pagaron por todo el daño que me causaron a mi, a mi familia, esposa hijos, padre, madre, hermanos, porque todos fuimos afectados por esta mala acción de la justicia y de la policía; e inclusive durante estos más de 19 años, desde que me absolvieron por primera vez, hasta la fecha, si bien NO hemos sufrido con mi familia, algún tipo de discriminación directa, por puesto que hemos escuchado muchas veces, esa es la familia del famoso CANO del triple crimen, también cuando en alguna oportunidad tuve que hacer algunos trámites en reparticiones ofíciales o privadas y tenía que presentar documentos, automáticamente me asociaban al triple crimen, todo eso lo soportamos estoicamente y en familia; pero NO abe dudas que alguien se tendrá que hacer cargo de todo el horror que nos hicieron pasar”, acotó.
“Hasta los mismos familiares de las víctimas, cuando tuvimos oportunidad de chalar con ellos, nos abrazaban y nos reiteraban siempre que en algún momento se hará justicia, ellos confiaban y sabían perfectamente que YO no era el responsable de quitarles la vida a sus seres queridos, jamás me molestaron, tampoco a mi familia, es más, en éste ultimo juicio, estuvimos juntos y NO hubo dudas, ya que gran parte de la misma justicia daba por sentado que YO era inocente de tamaña acusación”, concluyó Carlos Javier Cano, en una amplia entrevista a éstos medios norteños.
Es importante destacar que pese al infierno que vivió ésta familia, durante más de 25 años, por exclusiva responsabilidad de algunos integrantes de la justicia y algunos jefes policiales que lo único que pretendían; (Si pensamos bien de ellos), era encontrar un responsable de tamaña masacre, para que todos los medios de comunicación informaran que: “La policía y la justicia del norte santafesino, esclarecieron el triple crimen del Biguazal” y si pensamos desde otro punto de vista, como solemos hacer habitualmente los periodistas; “Éstos están endilgando la responsabilidad de dicho crimen a un PEREJIL, porque están cubriendo a una mafia ilegal de las lanchas rápidas que hasta éstos días continúan ingresando estupefacientes al norte santafesino a través del Río”, así y todo, la humilde familia Cano, siempre unidos; como en éste caso, donde solamente relatan ante dos periodistas, el real contexto de un hecho que tiene un antes y un después; (Antes, la sociedad, creía y respetaba a quienes impartían justicia y al uniforme de la policía; HOY; desde esas mismas instituciones se forman a los delincuentes, que ellos consideran que son de guantes blancos y actúan con total impunidad; llevando a la sociedad toda, al descreimiento, desconfianza, y malestar contínuo, ya que prácticamente NO existe lugar para efectuar reclamos, cuando suceden hechos ilícitos que sufren, especialmente los ciudadanos comunes, a quienes se los llama ciudadanos de Pie”, (Por eso escuchamos decir, La justicia es un CAMBALACHE).
Cuando mencionamos a la familia CANO por completo, la familia pescadora del puerto Reconquista; ellos son: Olga Beatriz Maidana de 66 años de edad, Carmelo Cano de 70 años de edad, madre y padre de Carlos Javier Cano de 44 años de edad, chivo expiatorio y víctima de pésimos funcionarios judiciales que están desintegrando a la sociedad; los hermanos; Delia maría Cano, Juan Ramón, José Hernán, Pamela, Analía, Cecilia, Ofelia, Gimena y la esposa de Carlos, Paola Pereyra, sus cuatro hijos y una nieta de cinco años; Hoy todos ellos agradecen a DIOS porque en la familia “Salió el sol”, se hizo justicia, pero aún falta aclarar y esclarecer el triple crimen de la Isla “El Biguazal”, NO puede, NI debe quedar impune.
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