
Por Carlos Del Frade.
Cuando en el idioma español aparece la palabra salario: «suma que se daba a los soldados para que compraran sal», según el diccionario etimológico de Joan Corominas.
De acuerdo a la ley votada por el senado de la Nación, «los salarios deben ser pagados en dinero, sea en moneda nacional o extranjera, especie, habitación o alimentos», el regreso a la sal del siglo quince. Alguna vez el derecho laboral argentino fue ejemplo el mundo y era lo que buscaban destruir las dictaduras, entre ellas las del 55 y del 76. Hoy ese desgarro no viene de botas ensangrentadas si no de votos en democracia. Habrá que insistir para recuperar conciencia política, social, histórica y pensamiento crítico.
En esta Argentina que se diluye, la reducción de la edad en punibilidad es llenar las cárceles de pibas y pibes que producen solamente el 0,5 por ciento de los homicidios. Hipocresía, cobardía e inutilidad frente a la realidad concreta de los números.
Sin embargo crece la demagogia que fortalece la sociedad de la venganza y no de la justicia. Aquel paìs que ya no existe creía que la pibada era la única privilegiada. Hoy es una de las primeras perjudicadas.
Después de la reducción de derechos laborales y de la edad de punibilidad, la frase final atribuida a Manuel Belgrano se hace una necesidad para pronunciarla y pensarla: «Ay, Patria mía». Ya no hay patria. Es un territorio liberado para los dueños del dinero. Lo que no quiere decir que nos vamos a resignar. Todo lo contrario. Pero es fundamental sentir el dolor del saqueo.
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