
Durante los primeros dos días de excavación, lunes 03 y martes 04 de agosto de 2026, fueron recuperados dos elementos óseos humanos, conforme a la terminología utilizada en el ámbito de la antropología forense. Estos restos serán sometidos a los correspondientes estudios técnicos y científicos para determinar su origen, antigüedad y demás características que permitan avanzar en la investigación.
La abogada querellante de la causa por la Masacre Indígena de San Antonio de Obligado ocurrida en el año 1887, doctora Cintia Chávez, sostuvo que el objetivo de la investigación es «contar la verdad» sobre los hechos ocurridos. Explicó que esa verdad debe reconstruirse a partir de la memoria oral, pero también mediante documentación histórica y el aporte de disciplinas como la antropología, la historia y la antropología forense, que permiten reunir las pruebas necesarias para acreditar ante la Justicia lo que las comunidades indígenas vienen denunciando y sosteniendo desde hace décadas.
Éste trabajo de investigación en el terreno comenzó en el año 2020, luego sobrevino la pandemia, hecho que realmente lo retrasó, en el inicio del año 2023 comenzaron con el trabajo de excavaciones en lugar sagrado para toda la comunidad originaria, denominada “La Cruz Alta”, donde de acuerdo a lo manifestado por el Fray Ermete Costanzi en sus escritos, fueron enterrados los restos de los integrantes de la comunidad, masacrados en una revuelta.
Nunca se supo con exactitud cuantas personas fueron sepultadas en ese terreno, tampoco se conoce sus edades, lo cierto y lo concreto es que, los restos del primer cuerpo encontrado en el año 2023, estaba como en una cavidad individual, con los brazos maniatados en la espalda, mientras que los restos encontrados el día martes 04 de agosto de 2026, también estaba como en una tumba, con los brazos y piernas maniatadas, en ambas ocasiones, a no más de 75 u 80 centímetros de la superficie. 
El trabajo que está llevando a cabo los integrantes del equipo de antropología forense, es extremadamente profesional, en total son 11 personas que trabajan silenciosamente, cada uno en lo suyo, saben perfectamente que están buscando restos humanos y que están siendo observados por integrantes de la comunidad afectada, cada movimiento que realizan son filmados y retratados, porque la justicia federal que autorizó la excavación para la búsqueda de restos óseos de la comunidad originaria masacrada en 1887, necesita pruebas concretas y fehacientes de la significativa tarea que llevan adelante. 
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