
María Itati Pascua es una joven NO VIDENTE de 32 años de edad, que vive junto a sus padres y hermanos en la ciudad de Florencia, se capacitó a través del sistema Braile para poder desempeñarse laboralmente en un trabajo, de acuerdo a sus capacidades, es así que fue incorporada como personal contratado en la gestión del intendente Rubén Carlos Quain, en la Municipalidad de Florencia, donde realizaba una labor administrativa, para la cual estaba preparada.
Ocurre que la gestión que asumió el 10 de diciembre de 2025, con la conducción de Fabio Horacio Villa, la dejó sin trabajo y sin explicación alguna, con la única excusa que suspendía por tiempo indeterminado a algo más de 40 empleados de dicha institución municipal; mientras tanto, todas esas personas, incluida María Itatí, están sumidos en una incertidumbre inexplicable, que los tiene en éstos días, donde todo el mundo festeja la NATIVIDAD del señor Jesucristo, la finalización del año en curso y la esperanza del año por venir, sin saber que van a llevar a sus mesas para compartir con la familia en los días festivos, lo que es peor, NO saben si podrán o NO su trabajo digno y en el caso de María Itatí Pascua, con todas las dificultades que su discapacidad implica, para poder lograr su trabajo digno; asume como máxima autoridad política de la ciudad, un delincuente consuetudinario, como lo es Fabio Horacio Villa y le saca el pan de sus mesas a más de cuarenta familia, donde es víctima de la incapacidad de éste malviviente, una persona NO vidente.
María Itatí relató su situación personal a través de las redes sociales y aquí compartimos con ustedes.
Publicación en su cuenta de Facebook.
“Desde el 10 de diciembre de 2025, ya no formo parte de mi trabajo en la Municipalidad de Florencia y hasta el día de hoy no recibí ninguna explicación, ni información clara sobre mi situación laboral. De un día para el otro quedé sin trabajo y sin respuestas. Cumplí con lo que correspondía y devolví la computadora que utilizaba, porque era del Municipio. Esa computadora estaba adaptada especialmente con lector de pantalla para poder desempeñarme en mi puesto debido a mi discapacidad visual, y devolverla fue una señal muy clara de que ya no pertenezco a ese espacio laboral.
El 13 de diciembre, una persona del gabinete (que por respeto no voy a nombrar) me informó que me llamarían entre el lunes 15 de diciembre o el martes 16. Hoy es 22 de diciembre y nadie se comunicó conmigo. No se trata de dinero ni de privilegios, se trata de respeto, de comunicación y de derechos laborales básicos. Las personas que padecemos alguna discapacidad sabemos lo que cuesta acceder a un trabajo y lo que implica sostenerlo: demostrar el doble, el triple o más, todo el tiempo, explicar una y otra vez que sí podemos. Pero cuando el silencio es la respuesta, el mensaje que se recibe es otro. Una vez más, la discapacidad queda última.
Esto no es solo una experiencia personal, es una realidad que atraviesa a muchas personas con discapacidad en todos los ámbitos. Mi planteo es simple y legítimo: necesito una respuesta clara, saber qué pasó, por qué quedé afuera y quién es responsable de dar esa respuesta. El silencio también es una decisión, y duele.
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