Las persistentes precipitaciones en las altas cuencas y el desborde simultáneo de los principales cursos hídricos provocan inundaciones, evacuaciones masivas y pasos fronterizos cerrados en el noreste argentino. La crecida del Iguazú, sumada a los aportes extraordinarios de Yacyretá y Salto Grande, desnuda la vulnerabilidad regional frente a un fenómeno climático extremo que ya comenzó a mostrar sus consecuencias.
Todo el litoral argentino atraviesa horas críticas de emergencia hídrica la crecida simultánea y sostenida del río Paraná, afecta a miles de familias en Corrientes, Misiones, Entre Ríos, Santa Fe y Chaco, en esta oportunidad hablaremos de la crisis hidrométrica que cada vez se intensifica más con lluvias torrenciales en toda la región, poniendo en alerta roja a los comités de protección civil provinciales ante proyecciones meteorológicas que anticipan la continuidad de los eventos extremos en la región.
El norte de Santa Fe está recibiendo un enorme volumen hídrico que baja por el portentoso Río Paraná y prácticamente ha colapsado toda la zona de islas, alertando a la máxima vigilancia, registrándose los primeros impactos de la crecida sobre las poblaciones ribereñas y zonas cercanas.
En la ciudad de Las Toscas, la zona de islas y cursos acuáticos, circundan el lado este del casco urbano, por lo tanto, en el norte de la bota santafesina, es la localidad más expuesta a las inundaciones en los distintos barrios que son atravesados por el arroyo “Las Toscas”, dichos barrios son: Pueblo Nuevo, Virgen de la Salud, Itatí, Fátima, San Felipe y otros; en éstos distritos, más de un 60% de los habitantes, pertenecen a familias vulnerables, de pocos recursos económicos, muchos de ellos, sin trabajos estables, sobreviven de la eventualidad, donde el estado municipal NO LLEGA; NO arregla los caminos, NO asiste a los niños mal alimentados, varios desnutridos, NO hubo Zanjeo, cada vez hay más viviendas precarias, hechas de palos y Nailon, maderas, cartones, debido a que son muchos los matrimonios jóvenes, que carecen de todo tipo de ingresos, NO tienen posibilidades de alquilar y la única alternativa que les queda, es instalarse en terrenos desocupados e inundables y construir allí sus viviendas.
A todo esto, cabe destacar que el ente municipal, NO asiste a estos habitantes de ninguna manera, ni con alimentos, Ni ropas, Ni calzados, Ni alojamientos secos, teniendo en cuenta que desde el gobierno santafesino, hace más ocho meses vienen difundiendo el alerta sobre la llegada del fenómeno del niño, pero lamentablemente, la realidad muestra que desde la municipalidad norteña; NO se ha hecho absolutamente nada en favor de los habitantes en general y mucho menos, para las familias más vulnerables; seguramente fondos del estado santafesino, hubo, hay y habrá, sería bueno que controlen, si existe o NO, las obras que Iván Sánchez manifiesta que ha hecho en éste periodo; en la teoría, son expertos mentirosos, en la práctica NO han hecho absolutamente NADA.

Para encontrar un precedente de una crecida simultánea de esta magnitud en los grandes ríos de la cuenca hay que remontarse a la gran inundación del verano 2015-2016, impulsada por uno de los fenómenos de El Niño más potentes del siglo XXI, que dejó más de 20.000 evacuados en el Litoral argentino y paralizó el comercio en el Mercosur durante meses.
Asimismo, los pobladores más antiguos comparan la velocidad del avance del agua con la histórica catástrofe hídrica de 1998, donde el río Paraná alcanzó registros récord en Corrientes, Santa Fe y Chaco, o la trágica crecida del río Uruguay en 1983. Los especialistas señalan que la diferencia en esta oportunidad radica en la velocidad del evento: la combinación de suelos totalmente saturados tras años de sequía previa y la concentración del volumen de agua en pocos días aceleraron los picos de evacuación.
El origen de la crisis: El fenómeno de «El Niño» y el aporte de las altas cuencas
El diagnóstico de los especialistas apunta a la consolidación del fenómeno de El Niño, que alteró los patrones de circulación atmosférica desatando tormentas continuas sobre el noreste de Argentina, el sur de Brasil y el oriente de Paraguay.
Esta acumulación inusual de precipitaciones satura las cabeceras de los ríos Iguazú, Alto Paraná y Uruguay, que funcionan como verdaderos embudos naturales. Frente a la llegada de caudales extraordinarios, represas como Yacyretá, Itaipú (que debió abrir sus compuertas de vertedero) y Salto Grande se ven obligadas a operar al máximo de su capacidad de descarga para evitar colapsos en las estructuras, lo que prolonga la inundación en los tramos inferiores.
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