Un crimen mafioso, asesinado a puñaladas y luego quemado, la ‘’DROGA’’ es la causa.

Bruno Daniel Galetti fue asesinado el pasado 15 de enero y por el caso hay un hombre de 37 años detenido. Hay sospechas de que el homicidio pudo ser por un trasfondo ligado al mundo de las drogas o por una «deuda» no pagada.

Ciudades como Rosario, Villa Gobernador Gálvez o algunas de Cordón Industrial (San Lorenzo, Granadero Baigorria o Capitán Bermúdez, o la capital de la provincia, han cosechado en los últimos años decenas de muertes violentas por ajustes mafiosos, la mayoría inscriptos en el sangriento accionar de grupos narco criminales que pujan por el territorio, realidad que queda estampada en las estadísticas y la crónicas policiales cotidianas.

Sin embargo, y más allá de esas fronteras, se dan casos excepcionales, como el homicidio de Bruno Daniel Galetti ocurrido el 15 de enero pasado. El hombre, de 40 años y afincado en la tranquila ciudad de Totoras (a 66 kilómetros de Rosario, departamento Iriondo), fue asesinado a puñaladas y luego prendido fuego dentro de una camioneta de la empresa de montajes Peitel SA para la que trabajaba.

 

El mismo día del crimen el utilitario Fiat Fiorino consumido por las llamas con el cuerpo de la víctima fue abandonado en un campo de soja cercano a la ruta 34, a pocos kilómetros de Lucio V. López.

 

Por el homicidio, cuya motivación habría girado en una deuda por drogas, hay un detenido que vivía apenas a cinco cuadras de la víctima. Frente a las características conmocionantes del caso, la comunidad de la localidad de algo más de 10.000 habitantes está aterrada. Cayeron en la cuenta que entre ellos puede convivir un asesino dispuesto a saldar deudas de un modo sangriento, como en Rosario o su periferia.

Una cita, una deuda y la resolución letal

El 15 de enero pasado Galetti salió de su casa en Totoras a las 3 de la mañana. No era habitual ese horario de trabajo, pero justificó ante su pareja que debía viajar a la planta de Vicentín, en Ricardone a 30 kilómetros de Rosario, firma para la que Peitel presta servicios logísticos. Bruno puso en marcha el vehículo de la empresa y recorrió apenas cinco cuadras hasta una casa ubicada en San Lorenzo y Saavedra, en la misma ciudad de Totoras.

 Allí lo aguardaba Mario Santiago D., de 37 años, para discutir algunas cuestiones que aún son materia de investigación y se podrían develar en las próximas horas. Según fuentes cercanas al caso, podrían estar vinculadas a una transacción fallida por mercancía (puede ser droga) no entregada a tiempo, o impaga.

 Algo salió muy mal o se precipitó en esos 40 minutos que Galetti estuvo en ese lugar. “Lo mataron a puñaladas ahí adentro. Después metieron la camioneta en el garaje y cargaron el cuerpo. El sistema de monitoreo del vehículo (rastreo satelital contratado por Peitel SA), marca que salió a 118 kilómetros por hora por una avenida principal de la ciudad”, reconstruyeron allegados al caso.

 Según la geolocalización, la camioneta no detuvo su marcha hasta llegar al campo ubicado sobre el kilómetro 22 de la ruta 34, entre Luis Palacios y Lucio V. López, donde horas más tarde fue hallado totalmente quemado, y en su interior el cuerpo de Galetti también carbonizado.

 Una comisión policial de la comisaría Nº 10 de Luis Palacios llegó al lugar porque la empresa de rastreo notificó el movimiento de la camioneta a las 9.30 del viernes 15 de enero. El dispositivo de rastreo se disparó porque tenía encendida la alarma, que se detona en caso de incendio, siniestro o robo. Gran parte de la pesquisa se abrió por los datos aportados por esa empresa.

Seguimientos de los investigadores

El caso quedó bajo investigación del fiscal de San Lorenzo Aquiles Balbis, que coordinó las tareas de la unidad de Homicidios de la Agencia de Investigación Criminal (AIC). El funcionario tomó una serie de entrevistas, colectó cámaras de videovigilancia, y recibió informes completos del recorrido que hizo ese día y la localización de la camioneta Fiorino.

 Esos elementos más algunos datos aportados por el abogado penalista Luis Rossini, asesor de la familia de la víctima, empezaron circunscribir la pesquisa sobre un sospechoso. Precisamente el hombre que residía en la casa ubicada en Saavedra al 800 de Totoras, reveló que la víctima estuvo varios minutos antes de ser hallado sin vida.

 Ante la magnitud de un caso demasiado siniestro y oscuro para una ciudad como Totoras, y ante las repercusiones del asesinato, Rossini confió que la familia de la víctima se sienten desprotegidas, sobre todo ante la probabilidad que detrás del crimen haya personajes pesados del mundo del delito.

 

A partir de información obtenida, el fiscal Balbis ordenó dos allanamientos en domicilios de Totoras en busca del principal sospechoso. Los agentes de la AIC y la Tropa de Operaciones Especiales se presentaron con las órdenes judiciales en Fray Luis Beltrán al 1400, donde fue detenido Mario Santiago D., de 37 años, y se le incautaron tres celulares y dos chips. Del procedimiento participó el gabinete científico, que realizó pruebas con el reactivo Luminol (detecta rastros de sangre) sobre un sillón y una hidrolavadora.

Si bien el hombre fue encontrado en ese lugar, que sería la casa del padre y adonde se había mudado en los últimos días, su domicilio real era el de calle Saavedra al 800. Hasta allí se trasladó el personal policial y toda la división científica. Allí se realizaron más pruebas de Luminol, con resultados positivos de rastros de sangre en el garaje. Ahora se deberá realizar el cotejo biológico para determinar si los restos hemáticos pertenecen a la víctima. Los investigadores también se llevaron tres teléfonos celulares, una notebook y dos chips.

 Si hubo dinero en juego entre el detenido y la víctima, aún no se puede determinar. Sí salió a la luz un dato que podría denotar cierta urgencia o necesidad del sospechoso. Al otro día del crimen se presentó en una oficina de la Empresa Provincial de la Energía (EPE) y a través de un convenio se comprometió a saldar una deuda de varios meses de atraso en el pago de la facturación de luz. También debía el alquiler de su casa.

 Rossini corroboró todos los datos coincidentes sobre el recorrido que hizo Galletti antes de morir, material que fue obtenido a partir de las gestiones que hizo ante la empresa de rastreo satelital. “Aportamos información objetiva al fiscal. Galletti salió a las 3.09 de la casa y las 3.11 estacionó frente a la vivienda del sospechoso. Allí estuvo 40 minutos. Sospechamos que ahí lo mataron, luego lo cargaron en la chata y lo trasladaron al campo. Ahora hay que esperar el cotejo de los restos de sangre hallados en el garage”, describió el abogado.

Luego de la detención, el Ministerio Publico de la Acusación (MPA) confirmó que el preinforme de autopsia determinó que Galetti presentaba dos heridas que habrían sido causadas por un arma blanca, compatibles con vitalidad, es decir que al momento de ser producidas la víctima se encontraba con vida.

 Otra evidencia que el fiscal resguarda para el momento de la imputación, es cómo determinó que Mario Santiago D. fue visto a las 8.30 aproximadamente del 15 de enero en la ruta 34 bajo una lluvia torrencial en cercanía de Luis Palacios, y cómo hizo para llegar después hasta la localidad de Totoras.

Antecedente, enderezado y vuelto a doblar

“Galetti tuvo una causa hace siete años. Lo captaron en escuchas muy confusas, supuestamente pasando datos a piratas del asfalto para atracar un camión. Lo condenaron en un juicio abreviado y salió en libertad. El decía que no tenía nada que ver, y prefirió aceptar el acuerdo para salir en libertad”, recordó Rossini sobre la víctima.

 El profesional agregó que luego de ese antecedente, “jamás se involucró en nada raro. Incluso entró a trabajar en Peitel, donde estaba muy bien conceptuado. Ahora probablemente haya tenido algún conflicto por deudas, porque es un crimen mafioso, pero desconocemos la motivación”, indicó Rossini, que será asesor de la familia en la constitución como querellantes en el legajo penal.

 Fuentes vinculadas a la pesquisa indicaron que de la mecánica del ataque tipo ajuste de cuentas y con características netamente mafiosas, hacen suponer que Galetti tenía “un quilombito bastante grande con el tema droga”. Todo se develará en los próximos días cuando el detenido y principal sospechoso atraviesa la audiencia imputativa.

Del veneno al hurto de bicis y la irrupción de la droga

El 14 de diciembre de 2010 Totoras fue noticia nacional porque un hombre intentó matar a su pequeña hija al darle de comer helado con insecticida Raid. La nena estuvo internada grave pero le salvaron la vida. Y otras tres amigas que consumieron el mismo alimento también resultaron con afecciones graves. El padre fue condenado a 14 años de prisión por el delito de tentativa de homicidio calificado por el parentesco, y por el uso de veneno u otro procedimiento criminal insidioso, en concurso ideal con el delito de lesiones leves.

 Desde ese momento, la ciudad se acostumbró a los delitos menores, aunque no menos preocupantes, como hurtos calificados de bicicletas, algunos robos a viviendas, pero nada violento. El crimen de Galetti corrió la perspectiva, y ese posible trasfondo de una disputa por negocios turbios puso en alerta a la pacífica comunidad de Totoras.

 

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