Rosario reaccionó ante Perotti y Javkin en la marcha contra la inseguridad, lo sacaron a los empujones.

El gobernador santafesino Omar Perotti y el intendente de Rosario, Pablo Javkin, intentaron acercarse a la marcha por la inseguridad en Rosario y fueron sacados a empujones por los manifestantes. Rodeado por guardaespaldas y policías, el mandatario provincial tuvo que soportar el reproche cara a cara de muchos manifestantes que lo siguieron más de 200 metros hasta que dejó la zona en un automóvil.

Una multitud, estimada en más de 10.000 personas, se reunió esta noche en el Monumento a la Bandera en Rosario para reclamar seguridad y repudiar el crimen de Joaquín Pérez, el arquitecto de 34 años, que fue asesinado el martes de la semana pasada por dos hombres que le dispararon cuando le robaron su automóvil, un Renault Clio.

                                                                                                                                                                                                                 La tensión subió de golpe durante el inicio de la protesta en Rosario, cuando el gobernador Perotti, el intendente Javkin y legisladores de varios partidos recibieron una ola de insultos y empujones al hacerse presentes en la marcha. Perotti se quedó unos minutos y decidió irse, cuando los insultos empezaban a subir de tono. Los manifestantes lo siguieron durante unos 200 metros sin que la policía hiciese un cordón de seguridad para evitar que el mandatario recibiese reproches cara a cara. Los vecinos más enardecidos rodearon, incluso, el automóvil del gobernador hasta que el conductor pudo sacar a Perotti de esa zona de conflicto.

El intendente Javkin prefirió quedarse y tratar de hablar con quienes lo agredían y reclamaban por más seguridad. En ese momento se vivieron momentos de suma tensión y también tuvo que ser escoltado por la policía cuando manifestantes enfervorizados lo insultaban. Uno de los reclamos más repetidos era que los funcionarios no enfrentan el problema y se esconden. La decisión del gobernador y del intendente de participar de la manifestación no salió como esperaban. El coro de insultos fue atronador al pie del Monumento a la Bandera.

Ruben, de 62 años, le gritó al intendente que solo se dedicaba a hacer “pavadas”. Javkin le respondió que se equivocaba. “No tengo policías para garantizar la seguridad. Qué querés que haga”, respondió. Entre el fervor de los manifestantes, varios allegados de víctimas de la inseguridad se acercaron para plantear sus demandas, como los familiares de Gonzalo Molina, un joven de 20 años, que fue asesinado el 7 de febrero pasado. “Mi hijo trabajaba en Aerolíneas Argentina y parece que lo mató un fantasma. Nunca encontraron a los responsables” afirmó Sandra Romero su madre.

“Qué se vayan”, gritaba la multitud cuando el intendente y otros funcionarios municipales hicieron lo contrario a Perotti, y se quedaron a enfrentar las fuertes críticas.

Los familiares de Joaquín, entre ellos su esposa Indiana y su hermano Leandro, habían encabezado la convocatoria, después de un difícil duelo de ocho días. “Todos tenemos que movernos, que agitarnos, empujar a los políticos para que hagan algo. Si no tienen la presión de la gente, ¿por qué van a cambiar? Si vienen bien así”, advirtió Leandro, antes de la marcha, entre lágrimas, con el objetivo de que la protesta sea protagonizada por más de las 8000 personas que se reunieron el jueves pasado en el barrio de Arroyito para exigir justicia por el asesinato del arquitecto.

Esta nueva marcha se produjo por iniciativa de un grupo de organizaciones vecinales de Rosario que convocaron el jueves pasado a una protesta por el crimen de Joaquín Pérez. Sin embargo, durante los últimos días la familia de la víctima tomó las riendas del reclamo. Aunque otros sectores habrían sido responsables de los incidentes con el gobernador y el intendente rosarino.

 “Las balas no solo mataron a Joaquín, sino que asesinaron a un montón de personas”, afirmó Indiana, la esposa del arquitecto de 34 años, que fue asesinado el martes de la semana pasada cuando dos hombres le dispararon para robarle su Renault Clio modelo 2006, que abandonaron a unas 10 cuadras de la escena del crimen. Herido con dos disparos, el arquitecto trató de llegar hasta su casa, que estaba a unos 50 metros de la cochera, pero murió pocos minutos después, a pesar de las tareas de reanimación que le realizó un vecino que es médico.

El asesinato de Pérez provocó conmoción en el barrio de Arroyito, donde vivía, y en todo Rosario. Este tipo de homicidio en ocasión de robo es poco común entre las historias que supuran de la violencia narco de Rosario. El 2 por ciento del total de 188 asesinatos que se produjeron en Rosario tienen como motivación el robo. Pero como ocurrió en 2016, cuando estallaron las protestas de Rosario Sangra, este tipo de hechos genera una conmoción profunda en la población porque la víctima está ajena a los negocios del crimen organizado que son los móviles más comunes de los asesinatos en Rosario.

Desde el gobierno de Santa Fe habían tratado de tomar distancia de la bronca social que estalló en Rosario tras el crimen de Joaquín Pérez. En medio de la campaña electoral los partidos opositores tampoco se metieron en el debate por la seguridad. Los cánticos “que se vayan todos”, como entonaba la gente en la marcha del martes pasado, dirige el reclamo no sólo contra las autoridades, sino que interpela a toda la clase política. El gobernador Perotti y el intendente Javkin sufrieron el enojo social cuando intentaron acercarse a los manifestantes.

Frente al reclamo social cada vez más multitudinario, el gobierno de Santa Fe no tiene un amplio margen de maniobra. Hace tres semanas llegaron 575 gendarmes que fueron presentados por el ministro de Seguridad de la Nación Aníbal Fernández, pero que aún no se vieron en acción. La pregunta que surgió de los manifestantes en el Monumento a la Bandera fue: “¿Dónde están los gendarmes?”.

El despliegue de los efectivos de esa fuerza se centra en los barrios de las zonas oeste y noroeste. Eduardo Macuglia, jefe de la Región II de la Gendarmería, aclaró el lunes pasado, tras reunirse con el intendente: “Muchos tienen la expectativa de que hagamos de policía comunitaria, pero somos gendarmes”. Y consideró que “hay zonas del conurbano de Buenos Aires mucho más violentas que Rosario”.

La calle está peligrosa, es la opinión compartida por muchos rosarinos. Es que se ven pocos policías realizando tareas de prevención y los agentes que están apostados en alguna avenida transitada parecen más pendientes de su celular que de lo que pasa alrededor. La gente no sólo reclama más policías, sino que haya otro tipo de predisposición del agente que lo debe cuidar.

En el censo policial que se realizó el año pasado, basado en un trabajo del Programa Delito y Sociedad de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) de Santa Fe, se observa que los propios policías perciben esa demanda, aunque no hagan mucho por cambiar la situación. Siete de cada diez agentes de la Unidad Regional II creen que la solución para frenar el alto nivel de violencia es la de mayor presencia en el espacio público.

Más del 80% de los agentes consultados respondió que perciben poca confianza o directamente nada por parte de los vecinos para con la fuerza. A esos ocho de cada diez agentes que no perciben confianza les preguntaron cuáles podrían ser las razones. La respuesta más elegida, por un 37,8% de los consultados, fue la “corrupción policial”; seguida por “la falta de presencia policial en las calles”, opción tomada por un 27,4% y luego otras relacionadas con la falta de efectividad y las demoras en responder a los llamados de emergencia.

Según datos del Ministerio de Seguridad de Santa Fe, en Rosario hay 5400 policías, a los que se suman casi un total de 3000 efectivos federales. Esta ciudad es hoy una de las más custodiadas del país, pero las estrategias de prevención hasta ahora no funcionaron.

 

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