La historia del médico que envenenó a su mujer en San Javier y estuvo 14 años prófugo.

El caso marcó un hito oscuro en los años ochenta. Eduardo Franceschini cayó a pocos meses de que la condena de prisión perpetua prescriba. En 2010 una resolución del ministerio de Justicia de Santa Fe le conmutó la sentencia y dejó la pena en 25 años de cárcel. Hoy está libre.

Estar prófugo no es para cualquiera. Se requiere de dinero, quizás una nueva identidad y por sobre todo, cortar cualquier tipo de vínculos y lazos con el núcleo familiar, una aventura a la que solo unos pocos intentan aguantar.

No fue el caso de Eduardo Franceschini, el médico que prestó servicios en la Policía de Santa Fe hasta los años noventa y que tras envenenar y matar a su esposa, Elida Ruggenini, huyó de la localidad de San Javier y abandonó a sus dos hijas. Catorce años después, con una condena de prisión perpetua en la espalda, fue capturado y puesto a disposición de la Justicia provincial. Con el correr de los años, el femicida demostró que le pudo ganar al sistema.

Nació el 30 de noviembre de 1948 en la ciudad de Corrientes. Médico de profesión, ingresó a la Policía de Santa Fe en 1979 y prestó servicios en la Unidad Regional XIV de San Javier, ciudad en la que formó familia con Ruggenini, una enfermera de 29 años que trabajaba en el hospital Samco local. Ambos tuvieron dos hijas y residieron en una vivienda de Teófilo Madrejón e Hipólito Irigoyen a unos doscientos metros de la ruta provincial 1. En aquella casa, la cual se destacaba por su amplitud y belleza, fue en donde el 13 de enero de 1986, en medio del calor de una tarde de verano, ocurrió lo peor.

El doctor colocó en el mate de su esposa estricnina, un “potente veneno” de sabor amargo capaz de asesinar a unas veinte personas con tan solo un gramo. Dicha sustancia, fue prohibida en Argentina mediante la resolución 774 del ministerio de Salud de la Nación en el 2004. Sin embargo, en los años ochenta era común y fácil de ser adquirida.

El hospital donde murió la mujer a causa del envenenamiento.

Entre mate y mate, el veneno provocó un desgarrador malestar en el cuerpo de la mujer. Horas después, en el pequeño Samco, Ruggenini falleció y la causa de su muerte fue el enigma que duró solo un tiempo en ser descubierto luego de que los investigadores pusieron bajo la lupa a Franceschini -que en ese entonces tenía 32 años- como el principal sospechoso.

Por esa razón, fue llamado a indagatoria al viejo Juzgado de Instrucción N° 4 de los tribunales de Santa Fe. Fue en ese organismo judicial en donde ordenaron la autopsia del cuerpo de Ruggenini y cuyo resultado fue el puntapié para establecer un claro estado de sospecha sobre el rol que tuvo el doctor con el deceso de su esposa.

El médico transitó el procesamiento en estado de libertad y cuando el expediente pasó al Juzgado de Sentencia N° 1 a cargo de Luis Malfante, el magistrado -el cual tenía fama en el fuero provincial de ser un juez duro de eximir- terminó absolviendo a Franceschini por el “beneficio de la duda”.

Aquel expediente fue apelado y tras ser revisado ante en la Cámara de Apelaciones de Santa Fe, un tribunal le dio un revés judicial al médico y lo declaró culpable por el delito “homicidio calificado por el vínculo y por el uso de veneno”. En efecto, lo condenó a la pena máxima de prisión perpetua por lo que ordenó su inmediata detención. Sin embargo, cuando fueron a buscarlo para notificarlo y alojarlo en la órbita del servicio penitenciario Franceschini no es estaba en su casa. De hecho, había abandonado a su hijas.

Su paradero, en el pequeño poblado del interior de la provincia, se convirtió un interrogante. Inclusive se construyó un mito de que el médico estaba muerto.

Vida clandestina

Tuvieron que pasar catorce años para que el paradero del médico policial pueda ser localizado. Y no porque las fuerzas policiales lo hayan investigado, sino porque la pista principal -sobre donde se encontraba Franceschini- llegó sola a tribunales. Caminando.

Una mujer se acercó al juzgado y pidió un certificado de la “causa Franceschini” para presentar en la Caja de Jubilaciones de Santa Fe. Aquel pedido quedó plasmado en una hoja que terminó dentro del expediente y fue la llave para abrir más de una década de misterios y dudas en torno a donde se encontraba el doctor de San Javier condenado por el crimen de Ruggenini.

El pedido de certificación fue advertido en 2005 por la entonces secretaria del Juzgado, Mariela Jiménez y la empleada de mesa de entradas, Ana Laura Gioria (ambas en la actualidad fiscales del Ministerio Público de la Acusación). Con ese escrito, quedó al descubierto que Franceschini, seguía vivo y no estaba tan lejos. Simplemente vivía en la clandestinidad.

Tan solo bastaron unos días para que el juez libre un oficio a la Caja de Jubilaciones provincial y así el organismo confirme si Franceschini había cobrado sus haber jubilatorios mientras estaba prófugo. El resultado fue contundente: durante catorce años el hombre que estaba evadido de la ley percibió el dinero desde un banco de la provincia de Córdoba y ninguna autoridad policial, judicial o estatal se había percatado de ello.

En Córdoba, el pueblo donde permaneció oculto el doctor. Foto/ Gentileza

Como el médico se desempeñó en la policía provincial, para su captura fueron convocados agentes de Asuntos Internos, quienes primero realizaron una serie de trabajos de inteligencia en el lugar donde en teoría se encontraba. Esos trabajos tuvieron resultados positivos y derivaron posteriormente en su detención. La misma se concretó el 6 de mayo del 2005 en una vivienda de Anisacate, un pequeño poblado del departamento Santa María. Cerca de las 21.35, un grupo agentes santafesinos junto con policías de la provincia de Córdoba encontraron al médico. Según indicó la crónica del diario La Voz del Interior de aquel día, el hombre había cambiado su identidad y se hacía llamar Justo Valussi de 52 años. Días después fue trasladado a la ciudad de Santa Fe.

El 15 de julio del 2005, no fue un día más en la vida de Franceschini. Aquella jornada ingresó a la cárcel de Las Flores -Unidad Penitenciaria N° 2- para purgar la pena por el homicidio de Ruggenini. De buena conducta siempre, según indicaron fuentes carcelarias, el médico se utilizó al penal como centro de formación mientras cumplía la perpetua.

De igual manera, la cárcel para Franceschini fue un lugar de paso. Es que en 2010, cuando en la provincia de Santa Fe gobernaba Hermes Binner, un decreto -el N°1711- del ministerio de Justicia y Derechos Humanos resolvió conmutarle la pena y le redujo la condena a 25 años de prisión, cuyo vencimiento quedó fijado para el 12 de septiembre del 2026. Beneficiado por esa resolución estatal, el médico tuvo el aval en 2014 para obtener salidas laborales. Mientras que en 2015 logró asistir a un curso de “tornería” y “mueblero” bajo un régimen de semi libertad. Por último, en 2016 se formó en otro curso como especialista de “motor naftero”.

El 13 de diciembre del 2016 las puertas del penal se abrieron y dieron paso a Franceschini quien obtuvo la libertad condicional, esa que supo tener cuando estuvo prófugo y de manera clandestina en la provincia de Córdoba. Hoy, con 70 años, está libre y con un pasado que lo condena.

 

 

 

 

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