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La cuarentena desató un conflicto entre la pareja encargada de la seguridad en la provincia de Santa fe.

Gentileza Aire de Santa Fe.

Víctor Sarnaglia, jefe de Policía de la provincia, se enojó porque no lo convocaron a una reunión en el ministerio. Pero la anécdota del desplante va más allá. El ministro Marcelo Sain cree que el jefe policial se extralimita en sus funciones

En medio de la cuarentena y la crisis inédita que asoma, a causa la parálisis económica desde el 20 de marzo pasado, en Santa Fe se hizo visible el enojo del jefe de la Policía de Santa Fe Víctor Sarnaglia con el ministro de Seguridad Marcelo Sain, que decidió exteriorizar su bronca con el gobernador Omar Perotti, que prefirió prorrogar una decisión y esperar que los ánimos se aplaquen, en medio de un complejo contexto atravesado por la pandemia del coronavirus que minimiza cualquier conflicto interno en el gobierno.

Lo que detonó el fastidio de Sarnaglia el jueves pasado fue que no lo convocaran a una reunión en la que se analizó el llamado a licitación para la compra de armamento para la policía. El jefe de la fuerza cree que el ministro le recorta su poder en la función y que está actitud viene desde hace tiempo. Se lo contó al gobernador cuando lo llamó luego de que su bronca trascendiera a través de algunos periodistas por las redes sociales.

Es imposible diseñar una política de seguridad si el ministro del área no se habla con el jefe de la Policía.

Sain argumenta lo contrario al señalar que en esa reunión en el Ministerio de Seguridad no tenía nada que hacer el jefe de la Policía, cuya función específica es la de prevenir el delito, no la de la planificación política del área.

 

La colisión entre dos personalidades fuertes, como la del ministro de Seguridad y la del Jefe de la Policía, abre un capítulo novedoso en la política santafesina, cuyo final está por ahora amortiguado por la pandemia, pero que será el gobernador el que encuentre alguna salida, si la hay. Es imposible diseñar una política de seguridad si el ministro del área no se habla con el jefe de la Policía.

Perotti fue quien eligió a ambos en sus cargos, y conocía los perfiles de cada uno. Sain es un ministro que tiene una autonomía intelectual que la pone a prueba a cada momento. Sarnaglia no es un jefe de Policía “ordinario”, porque carga sobre sus espaldas una larga trayectoria y formación, que lo llevó a que el gobernador le tocara la puerta de su casa en el barrio El Pozo para ofrecerle el puesto, cuando disfrutaba la tranquilidad de su jubilación.

El ministro choca con esa vieja visión, que incluso alimenta el propio gobernador, de un jefe de policía fuerte.

En la campaña electoral, el gobernador repetía en cada intervención que su esquema en la policía se iba a estructurar en base a un jefe fuerte y 19 titulares de unidades regionales. “Cómo puede ser que nadie conozca al jefe de la policía”, se preguntaba en ese periodo proselitista para criticar la gestión socialista. Lo eligió a Sarnaglia para conducir la policía, pero a su vez lo designó a Marcelo Sain al frente del Ministerio de Seguridad, un área crítica, azotada desde 2013 por una violencia que derramó de los conflictos territoriales entre bandas narco que puso al tope de la agenda el problema de la inseguridad.

 

Por su estilo, Sarnaglia tuvo un alto perfil en los medios y comenzó a mantener reuniones con intendentes y presidentes comunales en la provincia. En su entorno señalan que nunca se extralimitó en sus funciones como jefe de la policía, pero advierten que este papel molestó al ministro, sobre todo luego de que el titular de la Policía mantuvo una reunión el 11 de febrero pasado con el intendente de Rosario Pablo Javkin, en un contexto marcado por el recrudecimiento de los homicidios en esa ciudad.

Sain tiene una visión distinta del rol de la Policía en esta etapa, que cree que sólo debe tener una función operativa de prevención del delito. El ministro choca con esa vieja visión, que incluso alimenta el propio gobernador, de un jefe de policía fuerte. Es una visión antigua, hasta casi pueblerina de la seguridad, observan en el área de Seguridad. En este punto radican las diferencias.

El ministro le restó importancia al enojo de Sarnaglia, y tampoco pidió su cabeza al gobernador. El ministro pretende que se encuadre en la política de seguridad y que no se extralimite en sus funciones.

El peligro que aparece en el horizonte es que estas pujas de poder no repercutan ni repartan aliados y enemigos en el resto de una fuerza que tiene 21.000 agentes

El sistema de seguridad que elabora Sain avanza en una línea diferente, sobre todo al rol que pretende tener Sarnaglia, inspirado en la confianza de Perotti. En esa visión el jefe de la Policía tiene un rol importante, pero no preponderante al diferenciar en tres áreas la fuerza: la policía de prevención, de investigación y de control. Sarnaglia, como jefe de policía, quedaría abocado a la primer área.

El Ministerio de Seguridad tiene listo para que durante este año la Legislatura trate un “plan de modernización normativa” para el funcionamiento del sistema de seguridad pública y la policía. En estos proyectos, el papel del jefe de la Policía no encuadra con el vuelo que le quiere imprimir a su función Sarnaglia, a quien el gobernador le dijo –según señalaron fuentes cercanas el jefe de la policía- que “siga en el cargo y al frente de sus actividades como lo venía haciendo”.

 

En el proyecto de “ley del sistema policial” de Santa Fe la mirada del Ministerio de Seguridad es que se necesita una actualización de la ley orgánica de la policía, que es de 1975, y la de personal, que tiene 15 años de antigüedad. “Se distinguirá dentro del sistema policial entre los servicios de prevención, investigación y control, en busca de la especialización y profesionalización”, señala un paper del Ministerio de Seguridad.

Las otras dos patas que completan este esquema, en el que trabajan desde diciembre Sain y el secretario de Seguridad Germán Montenegro, son la “ley de seguridad pública de Santa Fe” y la de “control del sistema policial”.  El primer proyecto de ley establece las bases jurídicas e institucionales del sistema de seguridad, con toda la estructura gubernamental, la conducción política del sistema policial, los lineamientos en materia de gestión del conocimiento en seguridad, entre otros puntos.

El peligro que aparece en el horizonte es que estas pujas de poder no repercutan ni repartan aliados y enemigos en el resto de una fuerza que tiene 21.000 agentes, que hasta el decreto que instauró la cuarentena enfrentaban otra pandemia, la de la inseguridad.

 

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