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El fiscal delincuente y coimero renunció a la fiscalía regional de Rosario.

Lo hizo a través de una carta dirigida al fiscal general de la provincia, Jorge Baclini. En el texto negó cualquier relación con los hechos investigados, una cosa lógica, nunca se hará cargo que es un delincuente, al contrario se victimiza y acusa a los periodistas.

 

El fiscal regional de Rosario, Patricio Serjal, renunció a su cargo en medio de un escándalo desatado a partir del descubrimiento de una cadena de coimas que Serjal y su subordinado, Gustavo Ponce Asahad, habrían cobrado a empresarios y narcos para «planchar» investigaciones en su contra, filtrarles datos sobre las mismas y facilitar así que siguieran realizando maniobras ilegales vinculadas al juego clandestino. La carta de renuncia, dirigida al fiscal general Jorge Baclini, tiene fecha del 1° de agosto, pero trascendió recién este domingo.

«En el día de la fecha he decidido renunciar al cargo de Fiscal Regional que ocupo desde abril de 2017. Entiendo que los acontecimientos ocurridos en los últimos días ponen de manifiesto una situación de gravedad para el Ministerio Público de la Acusación», advierte Serjal en el inicio de su misiva.

 

 

En la carta, niega cualquier relación con los hechos involucrados, aunque deja abierta la posibilidad de que otras personas sí hayan estado vinculadas: «Desde ya, y tal como le comenté personalmente, soy ajeno a las cuestiones que se han ventilado y me he puesto a disposición de los investigadores para lo que los mismos requieran. Quiero dejar en claro que jamás he realizado actos que no se hayan ajustado a derecho durante mi función, hago referencia a mi actuación, desconociendo el modo en que han obrado otras personas y no siendo quién para juzgarlas», señala.

 

En el tercer párrafo del texto, Serjal hace un repaso por sus años al frente de la Fiscalía Regional II: «Como bien sabe, he puesto todo de mí en modo personal y profesional para llevar adelante el Ministerio Público de la Acusación en la región a mi cargo, afianzar al mismo y lograr con ello profundizar la reforma del sistema penal comenzada hace unos años. Sin embargo, entiendo que en virtud de las circunstancias, es necesaria una renovación en el rol del Fiscal Regional, ello dada la relevancia política institucional que tiene el rol y así también por entender que se debe velar en primer lugar por la institución y la consecución de los objetivos planteados en el plan de desarrollo institucional, sin mezclar en ello cuestiones personales que puedan menoscabar la institucionalidad. Es por ello que entiendo que ha llegado el momento de dar un paso al costado del cargo que ocupo», explica.

Finalmente, le pide a Baclini que «tenga a bien aceptar la presente renuncia al cargo de Fiscal y comunicarla ante quien corresponda».

 

Cómo funcionaba la cadena de coimas que cobraban dos fiscales de Rosario

Empresarios, narcos, fiscales y políticos involucrados en una investigación sobre negocios turbios del juego clandestino en el sur de la provincia.

Leonardo Peiti es un empresario que se mueve en dos universos paralelos, por un lado, en el plano legal, incluso con compañías en el exterior, como en Paraguay, y por otro en las sombras de los negocios turbios, como el juego clandestino, que históricamente fue tolerado como uno de esos delitos benignos que sirven para alimentar, sin causar demasiados perjuicios ni víctimas, las cajas negras de la policía.

La “tranquilidad” de ese negocio ilegal se rompió hace más de un año, cuando Ariel “Guille” Cantero, líder de Los Monos, junto a su lugarteniente Maximiliano Díaz, alias Cachete, descubren que se pueden meter en ese rubro, que durante los últimos cuatro meses, con el cierre del casino City Center, duplicó su facturación.

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Para lograr asociarse con Peiti, Cachete usó la clásica estrategia de Los Monos: las amenazas y la violencia. El 1º de julio del año pasado dos jóvenes en moto pasaron por el edificio de Servando Bayo al 1000, donde dispararon cinco balazos y escribieron con aerosol rojo en una pared el mensaje: “Leo pagá”. Peiti era el destinatario del apriete, y denunció que Guille Cantero le había pedido 400.000 dólares a cambio de no ser blanco de más atentados.

Según la investigación de los fiscales Matías Edery y Luis Schiappa Pietra, Peiti ya pagaba sobornos a la policía para que dejara funcionar sus casinos clandestinos, a través del ex jefe de la Unidad Regional VI de Villa Constitución, Alejandro Torrisi. Se detectó en la causa que este uniformado retirado visitó en varias oportunidades la jefatura de Policía de Rosario para definir los alcances del acuerdo.

Pero aparecieron actores nuevos además de la policía como destinatarios de las coimas: Los Monos y los fiscales Gustavo Ponce Asahad y su jefe Patricio Serjal, según se desprende de la investigación judicial. A Guille Cantero, de acuerdo a la causa, le abonaba con salas de juego ilegales. Según declaró Peiti, le pagaba coimas a los funcionarios del MPA desde diciembre de 2018, con quienes mantuvo alrededor de 30 encuentros en distintos lugares de Rosario y de Capital Federal. Los “sobres” eran de entre 4.000 y 5.000 dólares mensuales. En la causa está el registro de las cámaras de seguridad cuando se concreta uno de los pagos en la cochera del restaurante Ceviche, en Jujuy y Oroño. También en el pasaje Rosario, a pocos metros de Tribunales.

 

El abogado de Peiti, Angelo Rossini, detalló que desde diciembre de 2018 su cliente «se reunió con el fiscal Ponce Asahad que lo citó en un bar de Mendoza y bulevar Oroño para brindarle información sobre una causa en la que se lo investigaba y que entonces le pidió entre 4.000 y 5.000 dólares por mes no solo para él sino también para su jefe (Serjal) a fin de tener protección, a lo que accedió por temor a quedar entrampado en alguna causa».

Una pata de la política

Hay una pata política que se está investigando que también embolsaba otra parte de la cadena de coimas que desembolsaba Peiti, que está lejos de ser víctima en esta trama, porque luego se terminó por asociar con Cantero y pasarle información clave para llevar adelante extorsiones contra otros empresarios que como él transitaban por la oscuridad de algún rubro de la economía, sobre todo el financiero.

Todas las estructuras del Estado recibían dinero de este capitalista del juego clandestino: la policía, la justicia y se sospecha también, sectores de la política. Pero a los que Peiti les tenía más miedo no era a este entramado corrupto, sino a Los Monos, con quienes termina siendo socio de un negocio de recaudación permanente con más de 80 casinos clandestinos.

 

Por eso, cuando la investigación de Edery y Schiappa Pietra avanza y empiezan a detectar cómo funciona este entramado, este hombre de 46 años decide presentarse como arrepentido y contar todo, con lujos de detalle, dónde y cómo se concretaba cada pago de coimas a los fiscales, que -según altas fuentes de la causa- “nunca creyeron que Peiti los iba a entregar”.

“En algún momento esto iba a saltar, si no era en esta causa podría ser en otra, porque desde hace tiempo se veía un comportamiento oscuro de la conducción de la fiscalía a cargo de Serjal”, señaló una fuente de la investigación.

Serjal ya estaba siendo sometido a una investigación en la Legislatura, luego de que en noviembre pasado fuera denunciado por el empresario Omar Santero, quien adujo que fue perjudicado en una causa en litigio contra el titular de Auto Rosario, Rómulo González, a quien 29 días después del fallo el fiscal regional le compró dos autos Toyota cero kilómetro.

Los primeros indicios de la cadena de coimas

La cadena de coimas que cobraban, según el fiscal general Jorge Baclini, empieza a ser detectada por Edery y Schiappa Pietra en la investigación por el ataque al casino City Center, el 4 de enero pasado, cuando muere de un disparo el ex gerente del Banco Nación Enrique Encino.

 

Unos días antes de ese ataque a balazos, Cachete Díaz pretendía realizar un atentado dentro del casino. Su plan era hacer explotar un auto en la playa de estacionamiento que está en el subsuelo del complejo.

De acuerdo a las escuchas de la causa, Guille Cantero y Chachete Díaz buscaban generar una fuerte conmoción en ese lugar con un ataque de ese calibre, porque hacía unos días que se había roto un acuerdo económico con gente ligada al casino, luego de que -según los investigadores- cambiara el manejo de la seguridad interna de la empresa.

El ataque al casino en el estacionamiento, antes de la balacera, no se concretó porque la Prefectura Naval detuvo antes a los dos soldaditos de Los Monos Claudio Ricaldez y Hernán Horacio Quinteros. La idea era que uno de estos jóvenes iba a entrar en el baúl de un auto robado al que iban a incendiar dentro del parking con el objetivo de que otros vehículos se prendieran fuego.

Por pedido del lugarteniente de Guille Cantero, Peiti se contactó por Whatsapp con un empleado de Ponce Asahad, su “hombre” en la fiscalía, a quien -según la investigación- le pagaban sobornos desde fines de 2018. El objetivo era que el fiscal lograra liberar a los soldaditos. Antes lo había hecho con el ex comisario Torrisi, su contacto dentro de la Policía, quien le dijo que no podía hacer nada porque el caso estaba en el MPA.

“Y Hernán Horacio Quinteros. En esta se comió un encubrimiento por andar con un auto robado y tenía una 9mm cargada, le metieron portación de guerra. Fue ayer, por protocolo tenía que pedir prisión preventiva, pero aparentemente se puede cerrar después de peritar el arma. No tengo la causa yo, pero dejame ver cómo metemos un comentario ahí. En un mes le podrían dar la libertad. No tiene antecedentes, así que seguramente”, escribió su contacto en la fiscalía, un empleado de Ponce Asahad, Nelson Ugolini, también acusado.

Peiti le mandó el 10 de enero una captura de pantalla del celular a Cachete. A la par, este hombre, según la investigación, participaba de las extorsiones a otros empresarios con sus nuevos socios Los Monos. En la imputación, Edery y Schiappa Pietra acusaron a Peiti de enviar el 8 de enero a gente de los Monos a una financiera de Entre Ríos al 700 para obligar al dueño a pagar 5.000 dólares invocando que se trataba de un pedido de Guille Cantero. Si no pagaban iban a atacar contra el local.

Cuando Edery y Schiappa Pietra empiezan a tener definido toda la estructura mafiosa en torno a las extorsiones y a la relación con este capitalista de juego clandestino, con Los Monos, Peiti se contacta otra vez con los fiscales, a los que coimeaba, en busca de una salvación. Pero con la investigación avanzada el monto que reclamaron los fiscales fue mayor.

La reunión se concretó en un hotel de Capital Federal y Serjal, según la investigación, le pidió 100.000 dólares de coima. Peiti nunca les entregó ese monto, sino el 10 por ciento, 10.000 dólares. Después de que se concretara el pago ocurrió algo extraño en la causa, según explicaron fuentes de la pesquisa, Ponce Asahad y Serjal visitaron el Organismo de Investigaciones para ver la causa. En ese momento estaba intervenido el teléfono celular de Peiti, al que estaban escuchando en la causa. Después de la visita de los fiscales, Peiti destruyó el teléfono y dejaron de poder seguir sus conversaciones.

 

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