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El coronavirus tiene graves consecuencias sobre la economía general y doméstica del país.

Gentileza de Aire de Santa Fe.

En esta nota se analizan las consecuencias que puede provocar el coronavirus y una economía que ya atravesaba una situación crítica.

La correa de trasmisión económica de la pandemia de coronavirus se manifiesta en la cancelación de todo tipo de actividades recreativas, culturales y de servicios, la contracción de la producción en varios sectores por la falta de insumos y piezas importadas, la caída del deprimido consumo doméstico, la menor demanda y baja de los precios internacionales de las materias primas (soja, maíz, trigo) que achica el ingreso de los dólares de exportación, la salida de capitales (el dólar fuga –“contado con liqui”- superó los $ 90), el riesgo país por encima de los 3.000 puntos y tantas otras consecuencias.

Todo esto redundará en mayor desequilibrio fiscal –por la caída de la recaudación-, obligará al Banco Central a emitir más pesos para asistir al Tesoro Nacional, mientras abre un fuerte interrogante en relación a los planes originales de renegociación de la deuda.

Todo esto pasa en medio de un tembladeral económico, financiero y bursátil internacional que, al momento de escribir esta nota, aún no encontró un piso. Las medidas que se tomaron para contener y aislar el virus están contrayendo el comercio internacional y paralizando actividades internacionales y domésticas de los más diversas, realimentando lo que la prensa internacional ya denomina como el mayor “crack” de los últimos 40 años.

La amplitud de la crisis se potenció por la escasez de los presupuestos sanitarios y por la fragilidad del tejido económico internacional por donde el coronavirus pudo infiltrarse. En octubre de 2019, antes que estallara el coronavirus, el “Informe sobre la estabilidad financiera mundial” del FMI ya marcaba un crítico panorama económico internacional.

Antes de la aparición de la epidemia de coronavirus el FMI ya alertaba sobre los problemas de la economía global para 2020.

“La intensificación de las tensiones comerciales y geopolíticas -planteaba-, incluidos los riesgos relacionados con el Brexit, podrían trastocar aún más la actividad económica y hacer descarrilar una recuperación que ya es frágil en las economías de mercados emergentes y la zona del euro. Esto podría provocar un cambio abrupto en la actitud frente al riesgo, causar trastornos financieros y revertir los flujos de capitales de las economías de mercados financieros. En las economías avanzadas, la baja inflación podría arraigarse y acotar aún más el margen de maniobra de la política monetaria en el futuro, limitando su eficacia”.

“A escala mundial, la deuda pública está cerca de niveles históricos. Las empresas están aprovechando las bajas tasas para acumular deuda y financiar fusiones y adquisiciones, en lugar de invertir”, agregaba. Y hacia adelante, el informe señalaba que “un mayor recrudecimiento de las tensiones comerciales, con el correspondiente aumento de la incertidumbre en torno a las políticas, podría socavar el crecimiento en relación con la proyección de base. Los ánimos podrían empeorar en los mercados financieros, dando pie a un episodio de aversión generalizada al riesgo que implicaría un endurecimiento de las condiciones financieras, especialmente para las economías vulnerables. Los desencadenantes de ese episodio podrían ser una agudización de las tensiones comerciales y geopolíticas, la salida del Reino Unido de la Unión Europea sin que medie un acuerdo entre ambos, y la persistencia de datos económicos débiles que apunten a un enfriamiento prolongado del crecimiento mundial”.

Otra mirada

Según la OCDE “al cierre de 2019, el stock de bonos corporativos de empresas no financieras alcanzó US$ 13,5 billones (esos de 12 ceros) a nivel global, un máximo histórico. En términos reales, ajustado por inflación, es más del doble del monto de diciembre de 2008”. Y agrega: “los datos muestran que, en comparación con los ciclos de crédito anteriores, el stock actual de bonos corporativos generalmente es de menor calidad y se caracteriza por requisitos de reembolso más estrictos, vencimientos más largos y menos protección para los inversores. Esto corre el riesgo de ampliar los efectos negativos que una posible contracción de la actividad económica tendría en el sector empresarial no financiero y en la economía en general”.

Si este era el panorama mundial pre-coronavirus, la situación de Argentina era mucho más crítica por el achique del Presupuesto de Salud y por arrastrar 10 años de estancamiento y recesión.

Ahora todo el dispositivo humano, económico, financiero, presupuestario, en síntesis, todo se concentra en el combate contra el virus, pero habrá que lidiar con las consecuencias.

 

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