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Cómo es el modelo de cárceles sin rejas que proponen aplicar en Santa Fe.

Gentileza Aire de Santa Fe.-                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            Es un proyecto de la Asociación de Protección y Asistencia a los Condenados (Apac) y la idea es analizar si es viable en el saturado sistema carcelario de Santa Fe, que está superpoblado y con un exceso de 567 presos.

El gobierno provincial resolvió iniciar la construcción de la nueva alcaidía de Santa Fe, terminar la Unidad Penitenciaria 3 de Rosario y dar marcha atrás con el cierre de la centenaria cárcel de Rosario. A la par se gestiona con el Servicio Penitenciario Federal para que se traslade 458 detenidos por delitos federales alojados en cárceles provinciales. El sistema penitenciario tiene 6.325 presos en sus unidades de detención y capacidad habilitada es de 5.758. Es un exceso de 567 personas. Desde diciembre hasta hoy, además, diez reclusos fallecieron dentro de los penales santafesinos. A la par un proyecto de cárceles sin rejas se gesta como alternativa de reinserción.

Santiago Adanti, integrante de la Asociación para la Protección y Asistencia al Condenado, y el sacerdote Dante Debiaggi, capellán de la cárcel de mujeres y delegado de la Pastoral Penitenciaria, explicaron cómo funciona un modelo de cárceles sin rejas en diálogo con Valeria Amaya, en el programa «Ahora Vengo». La iniciativa propone un abordaje integral de la situación de cada uno de los presos.

Al comienzo de la charla, el padre Debiaggi recordó a dos referentes de la lucha por la recuperación de la dignidad humana como el padre Gabriel Carrón y el sacerdote Atilio Rosso. Carrón fue uno de los referentes para incorporar una metodología de trabajo diferente. Adanti explicó que el proyecto de APAC es una prisión que funciona en un lugar alternativo a la cárcel común y al mismo tiempo, un asociación sin fines de lucro.

 El proyecto que está encaminado en Santa Fe proviene de un modelo que desde hace años se implementa en Brasil. «Se trata de un espacio limpio y ordenado, se hacen su propia comida, están obligados a trabajar para ganar su dinero y tiene como objetivo la recuperación del preso. Cada diez presos es probable que ocho vuelvan reincidir. Entonces a través de un estímulo y de la pedagogía se los puede reinsertar a la sociedad», aseguró.

El régimen APAC implica tres instancias: un régimen cerrado, régimen semiabierto y un tercero abierto. En el régimen cerrado se recupera a la persona, en el semiabierto llega la capacitación laboral y en el abierto salen a trabajar, se relacionan con su familia y vuelven a la cárcel.

 

«Hay una rutina diaria y es un proyecto ecuménico que respecta la religión que el preso quiera. El recluso se levanta, desayuna tiene charlas de laborterapia. Luego sigue el estudio, almuerzo y trabajo», explicó Adanti.

 El sacerdote hizo hincapié en recuperar a la persona porque si eso no se logra, no sirven el resto de las actividades. «Esto no es para todos -advirtió el religioso-, el recluso se debe comprometer con el régimen. No sirve de nada que esté todo bien cuando estás detenido y luego cuando salís haces cualquier cosa. Esto tiene que ser política de Estado porque somos todos miembros de una misma comunidad».

Los tres pilares: amor, confianza y disciplina.

La hermana Cristina que fundó en Brasil una cárcel de mujeres bajo esta metodología contó que un preso que se escapaba siempre después de estar un tiempo allí dijo: «Es la primera vez que confiaron en mi» y cuando le preguntaron por qué de ese lugar no se había escapado, respondió «del amor nadie huye».

El sistema está en formación porque en la provincia la ley no le prevé. La idea es trabajar para instalarlo.

Apaquis: el proyecto de las cárceles que funcionan sin rejas

Veintiocho unidades penitenciarias en Brasil son cárceles pero no responden a la lógica carcelaria actual: no tienen guardias, no se usan armas, no alojan a presos procesados, comen con cubiertos, todos están obligados a trabajar y a estudiar, deben estar alojados en cercanía de sus familias. Las cárceles son administradas por la sociedad civil sin fines de lucro y la conducta es vigilada por una comisión de presos denominada Consejo de Sinceridad y Solidaridad. La humanización tiene su costado eclesial que suele fijar un modelo polémico del castigo para la salvación, dista del castigo la cárcel estatal.

Los presos participan de la seguridad y la disciplina.

Forman un Consejo de Sinceridad y Solidaridad, un órgano sólo conformado por presos, que hace el papel de policía dentro de la cárcel, sin armas. La administración penitenciaria redistribuye su poder en la comunidad que se extiende con los voluntarios que van a la cárcel. Esto facilita que no haya rebeliones, que no se usen armas, que la gente no se escape.

En las apaquis todos los presos tienen que trabajar y estudiar, “es una condición para estar”. Tienen que estar reunidos por regímenes, tienen necesariamente que tener visitas, para lo que deben estar alojados cerca de donde viven sus familias. “Se cumple la ley de ejecución en la práctica.”

 Qué tamaño tienen, a cuántos presos alojan.

 

El sistema de las apaquis no permite alojar a más de 200. Son cárceles pequeñas asentadas en las comunidades, lo que tiende a la municipalizacion de la pena. Eso hace que la comunidad participe en la ejecución de la pena.

Para que la apaqui surja en un municipio es la sociedad civil la que se tiene que movilizar, convocar a audiencias públicas, organizar una ONG. Existe desde hace un tiempo una apac mayor que funciona como orientadora del resto de las apac y que funciona como una federación. Se llama Fbac, sigla de Fraternidad brasileña de asistencia a los condenados.

 

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