22 años de impunidad en el brutal femicidio de Carmen Mabel Encina.

El 7 de marzo se cumplieron 22 años del femicidio de Carmen Mabel Encina, una joven de la ciudad de Villa Ocampo que tenía 19 años cuando fue brutalmente asesinada. Por el crimen fueron condenados a reclusión perpetua en 2006 cuatro hombres de la ciudad, que estuvieron poco tiempo en prisión. Se trata de Ramón Andrés López, los hermanos Héctor Alcides y Daniel Alberto Espíndola, y Ángel Armando Cabrera.

En 2009, fueron puestos en libertad cuando sus abogados presentaron un recurso de inconstitucionalidad ante la Corte Suprema de Justicia. Finalmente, en 2014 el organismo anuló lo actuado y la causa quedó totalmente impune.

El hecho motivó la realización de las primeras marchas del silencio bajo el slogan “Justicia por Carmen”; la conformación de un grupo de mujeres relacionadas con la Capilla “San Ramón” del Barrio Juan Perón, donde residía la víctima, bregando para que se haga justicia ante el atroz crimen; la presencia en Villa Ocampo de la monja Marta Pelloni; y un bochornoso proceso judicial, con una infinidad de irregularidades, tanto en la investigación como en el proceso y hasta en las sentencias (declaradas nulas en dos oportunidades), hacen de la causa Carmen Encina uno de los más emblemáticos casos de impunidad en el norte santafesino.

Hace dos años se dialogó con el doctor Eduardo Cracogna, ya fallecido,  quien fuera abogado de la familia de Carmen. Recordó los detalles del triste hecho y reflexionó en torno a la actuación del Poder Judicial y a las falencias de la ley: “Para la Justicia no hay culpables, pero la comunidad sabe quiénes fueron. Hoy en día, siguen viviendo acá. Convivimos con ellos y caminan nuestras mismas calles”, sostuvo el letrado.

En aquel momento, la Justicia estableció que Carmen, una chica de condición muy humilde que vivía con su familia en un sector semirrural de Villa Ocampo, murió durante la noche del 6 al 7 de marzo de 1998. Ese viernes había salido a bailar con una de sus hermanas a una pista conocida como “El Gauchito Gil”. Las chicas estuvieron juntas durante un par de horas, pero se separaron. Nadie pudo corroborar que Carmen haya estado acompañada durante el baile. Lo cierto es que su hermana llegó esa madrugada sola a su casa, algo que a la familia en principio no le llamó la atención.

La alarma se encendió cuando transcurrió un día entero sin que se tuvieran novedades de la chica. En principio, se creyó que Carmen había decidido pasar la noche en la casa de alguna amiga, pero las dudas se transformaron en angustia cuando al lunes siguiente tampoco surgieron novedades de su paradero. Alertada la policía, se inició un operativo rastrillaje. El misterio se develó el 10 de marzo con el macabro hallazgo de una cabeza en cercanías del arroyo Los Amores.

La madre de Carmen reconoció esa parte del cuerpo y a partir de ese momento el espanto se apoderó de toda la población. Dos días después la policía encontró el tronco, un brazo y una pierna prácticamente en la misma zona donde había aparecido la cabeza. Los investigadores establecieron que los miembros fueron arrojados ex profeso al cauce del arroyo, pero por un desborde del mismo quedaron expuestos antes de lo pensado por los asesinos.

El dato que impulsó al caso lo aportó Carmen Cabrera, una muchacha que no tiene nada que ver con Ángel Cabrera, uno de los acusados, pero que era vecina de Carmen. La chica declaró que la madrugada del 7 de marzo vio a Encina salir de un taller propiedad de los Espíndola. Según sus dichos, la víctima se tambaleaba al caminar e insultaba a los hermanos.

“Van a ver lo que me hicieron”, se le llegó a escuchar con claridad. Después observó que en la esquina fue interceptada por los hermanos Espíndola, López y Cabrera. La testigo observó desde cierta distancia, pero con nitidez, que los hombres golpeaban violentamente a la muchacha y que después la subían casi desvanecida a un Peugeot 504 propiedad de los Espíndola.

Carmen Cabrera declaró varios meses después del crimen. A esa altura de los acontecimientos los Espíndola y el Negro López consiguieron la excarcelación por un error judicial: estuvieron más de 8 meses presos sin un auto de procesamiento.

Los cuatro rechazaron todos los cargos en contra. López sólo admitió que en la noche del crimen tuvo una relación sexual consentida con la víctima. Los Espíndola dijeron que se cruzaron con ella en la pista de baile y Cabrera directamente rechazó todo. La madrugada en que descuartizaron a Encina cayó una lluvia torrencial sobre Villa Ocampo. Muchos vieron cómo la mañana siguiente, cuando todavía caía agua, el hermano más chico de los Espíndola lavaba en el taller con bastante ímpetu el 504.

El fiscal Ricardo Fessia solicitó en primera instancia la condena de prisión perpetua por homicidio calificado agravado por ensañamiento y alevosía. “La autopsia reveló que los cortes habrían sido hechos en vida, con la víctima desmayada. Además se ocuparon de cortarle piezas anatómicas correspondientes al ano y la vagina. Por ejemplo, los labios de la vagina estaban seccionados. Mi teoría es que hicieron eso para encubrir una violación; Carmen se les murió por algo y no supieron qué hacer con el cuerpo”, remarcó el fiscal.

 

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